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Una vez se perdió mi perro (y esto aprendí)

Por Pedro Campos
www.lavidaminimal.com

Una noche de tormenta, Lupo se perdió.

Fueron momentos de muchísima angustia, pero con un final feliz, pues afortunadamente lo encontramos en unas cuantas horas.

Aquella experiencia me dejó una lección que quisiera compartir:

Nunca subestimes el poder de tu ayuda a los demás.

(Ya sé que es obvio, pero seguido se nos olvida. Por lo menos a mí).

Esa noche, nuestros amigos vinieron de inmediato para ayudarnos a buscar a Lupo.

Debo confesar que en aquellos instantes una parte incrédula de mí (quizá cegada por el miedo) pensaba que daba lo mismo si éramos 2 ó 10 personas buscando a un perro negro en una noche oscura. Pero estaba equivocado.

Fue Cecy (una amiga que decidió abandonar una cena para venir a ayudarnos) quien ¿por causalidad? pasó por una calle que nadie había pasado y se fijó en la cochera de un vecino donde Lupo se encontraba refugiado.

Uff, aún puedo revivir el alivio que sentimos cuando lo vimos ahí, todo tierno, como un niño esperando a sus papás afuera del colegio.

Pero el tema es que: de no ser por la ayuda de nuestros amigos (y del vecino que se apiadó de nuestro perro) quizás nunca lo hubiéramos encontrado.

Intento recordar esta historia cada vez que pienso que mi ayuda a los demás no hará gran diferencia, pues frecuentemente me sucede que siento ganas de ayudar, pero me abstengo porque pienso “bah, qué tanto puede aportar mi insignificante ayuda”.

Recordar esa noche me hace reconocer que siempre podemos hacer la diferencia en la vida de alguien más con nuestra ayuda, por más pequeña e inútil que parezca.

Si te nace ayudar ¡hacelo! Que no te detenga la creencia de que tu ayuda es demasiado pequeña.

Siempre podés ser la Cecy en la vida de un Lupo.

 

 

 

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