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Una vida más sana, lenta y natural

Por Christian Holler.

Viendo a nuestro hijos crecer, es como un día comenzamos a pensar en estas cosas. A veces, “la vida moderna” nos lleva por caminos que no siempre queremos recorrer, y no prestamos atención a los alimentos que consumimos.

LLenamos  nuestras bolsas de productos comestibles que vienen de lejos, y muchas veces están tratados con agentes químicos.

Según informes publicados, los tomates que consumimos en Argentina, son fumigados hasta 25 veces antes de llegar al consumidor.

Algunos alimentos vienen cruzando cordilleras, desierto y océanos, hasta llegar a nuestras manos.

Transporte y pesticidas, dos conceptos que (por suerte) están cada vez más en agenda.

Entonces, pensando en estas cosas, es que un día decidimos empezar con nuestra huerta.

Nuestros hijos aprendieron a plantar, a regar, a cosechar, a saber cuando hace frío o hace calor en el invernadero, a meter las manos en la tierra, y sin darnos cuenta a naturalizarla. Hoy saben que hace un lombriz en la tierra, como se germina una semilla, y claro, que los tomates cherry de casa ¡son los más ricos de todos!

Como cuando nosotros éramos chicos y nos pasábamos el día arriba de la bici, en vez de con los ojos pegados  al celular. O la tablet.

huerta-mr3 había un mercado grande con productos locales, y muchas más casas que ahora tenían su huerta.

Pero, lo bueno de la vida moderna, es que va tan rápido, que comenzamos a darnos cuenta de que algo no está tan bien.

Y comenzamos a ver que quizás está bueno un poco menos de pantalla y un poco más de jugar afuera. un poco menos de supermercado y un poco más de huerta.

Y así fue como empezamos a meter las manos en la tierra, y a ver que había mucha gente que también quería hacerlo.

huerta-mr2Un día armamos un invernadero, un vecino lo vió y nos preguntó si le hacíamos uno. Y así descubrimos que había más gente que pensaba igual, que quería comer sus propias verduras y de a poco y sin pensarlo demasiado, comenzamos a fabricar invernaderos y a instalar sistemas de riego.

Se fué corriendo la voz, y con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que teníamos un emprendimiento local, que ayudaba a que la gente consumiera verduras propias, sanas y de calidad.

Pero quizá lo más importante, es que nos dimos cuenta de que no éramos los únicos que pensábamos así, y que la velocidad a la que vivimos nos da esa posibilidad, de frenar y mirar. Y cuando miramos nos damos cuenta.

Y nos dimos cuenta de esta verdad tan simple. De que está bueno llevar una vida un poco más lenta, un poco más sana, y un poco más natural. 

Conocé más del trabajo de Christian en INVERNADEROS PATAGONIA

 

 

 

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