Una charla con Antonio Zidar

Por Christian A. Masello / Fotos de Noelia López

Recuerdos y actualidad de un periodista

El encuentro es en la redacción del diario El Cordillerano, Perito Moreno 975, donde desde hace tiempo también se ubica el estudio del que se transmite la programación local de Radio Rivadavia, que sale al aire por el 93.7 del dial.

El reloj indica que la jornada ya está en su último aliento, aunque todavía falta para el cierre, cosa que en un diario nunca llega a tener un horario definido: no existe un itinerario para las noticias, que se mueven a un ritmo propio, sin parámetros fijos.

Y si bien el lugar, por la modernidad obligatoria y algo fría de estos tiempos, está lejos de aquellas salas que respiraban tinta y bohemia, se puede palpitar el nerviosismo cargado de atractivo que envuelve al periodismo gráfico.

Claro, eso lo siento porque me recuerdo, como cronista, en edificios venidos abajo donde la música de fondo era el repiqueteo de Olivettis desdentadas.

“Esto es amor, quien lo probó lo sabe”, concluye en un soneto inmortal Lope de Vega. Y yo estoy enamorado de las páginas entintadas. Lo sé porque lo he probado.

Además, en una época en que lo normal es ver gente con la mirada fija en el celular o en otro artefacto electrónico, esos tipos que suelen ir a tomar un café sólo para hojear el periódico me causan algo parecido a la ternura, al igual que aquellos que no se sienten  completos hasta que el kiosquero les da el ejemplar de su publicación predilecta.

Pero esas son divagaciones…

Estoy aquí para conversar con un hombre que de medios sabe mucho: Antonio “Tonchek” Zidar.

Dirige El Cordillerano; conduce El Expreso Periodístico en la mañana de la 93.7, y luego su Vuelta por la tarde; asimismo, está al frente de la segunda edición del noticiero de Limay TV. También, en algún momento, incursionó en política.

Curiosamente, Zidar, que nació el 19 de marzo de 1964, no es adepto a conceder notas a medios gráficos. La experiencia le ha confirmado que, muchas veces, cuando la palabra del entrevistado es llevada al papel, el testimonio puede ser tergiversado. “Acepté porque se trataba de vos”, suelta en lo que traduzco como un piropo profesional.

Somos dos personas que transitan el camino sinuoso del periodismo, el mejor oficio del mundo según Gabriel García Márquez. La definición de Gabo es certera. La profesión nos otorga, al menos por un rato, paseos por el paraíso. En ese sentido, Zidar cuenta: “Durante mucho tiempo, me dediqué a cubrir deportes, y eso me llevó a tener la suerte de viajar bastante, ver Mundiales de Fútbol, Juegos Panamericanos, la Fórmula 1, la Copa Davis…”

Pero, más allá de esas vivencias, que estuvieron relacionadas con su paso por la prensa “grande” de Buenos Aires, Antonio indica que disfrutó mucho de, en sus comienzos, reflejar las actividades deportivas locales, ya que le permitía “retratar a la gente en su mejor versión, mientras hacía lo que más le gustaba”. Y afirma: “He trabado amistad con muchas personas a las que conocí en aquella época y en esas circunstancias”.

A la hora de evocar momentos importantes en su carrera, Zidar resalta uno puntual, fechado en noviembre de 2000: “Con una producción local junto a Susana Parra y su equipo, realizamos la cobertura del lanzamiento del satélite argentino SAC-C, desde la base aérea de Vandemberg, en California; sentir la emoción de acompañar semejante logro barilochense fue inolvidable”.

Claro que esta profesión, más allá de las experiencias gratificantes, también suele acercarnos al infierno, para ver próximas las llamas y luego, así, poder retratarlas. Pero siempre debemos tratar de no quemarnos en la labor.

En el caso de Zidar, su proximidad al averno en pos de la noticia se vincula con la erupción volcánica del Cordón Caulle, en 2011: “Literalmente, llovía barro; sentíamos que se terminaba el mundo, fue impresionante”.

Y están, claro, las postales imborrables del horror, esos retratos que suelen asaltar en forma de pesadilla a los reporteros que vieron lo innombrable: “Uno, como periodista, se prepara para presenciar casi todo”, suspira Antonio. “Pero ver morir a un niño es algo que no se puede olvidar; tengo presentes imágenes de accidentes, donde he visto fallecer a pequeños…”

Así son las ambivalencias del mejor oficio del mundo: un rato en el paraíso; otro, en el infierno.

Lo que sigue es una charla franca con “Tonchek” (Antoñito en esloveno, su lengua paterna), un hombre que ha transitado un largo camino.

__zidar4

 

–¿Qué te viene a la mente cuando pensás en tu niñez?

–Imágenes de una infancia libre, feliz, en el pueblo pequeño que era Bariloche en aquel momento, donde había muy pocas casas entre la zona donde yo vivía, 9 de Julio y Moreno, hasta el arroyo Ñireco; recuerdo trepar la barda, y después bajarla, para ir a pescar, en un paisaje bucólico que no tiene nada que ver con la actualidad.

–¿Añorás aquellos años o te quedás con el presente?

–No me considero de las personas que miran el pasado como una referencia de algo mejor. Por supuesto que me siento cómodo con los recuerdos, pero, en realidad, creo que lo mejor que tenemos es el presente.

–¿Has residido en algún otro sitio aparte de Bariloche?

–Estuve algunos años en Buenos Aires, por mis estudios, y luego, en una segunda oportunidad, también viví allá, ya por mi oficio.

–¿Qué estudiaste?

–Locución, porque en aquel momento, fines de la dictadura, era algo así como la carrera más completa. Por una cuestión ideológica, para el gobierno militar era más valioso ser locutor, es decir el que decía las cosas, que periodista, que producía los contenidos. Es probable que se buscara un mensaje más liviano, entonces el locutor tenía más campo de acción, ya que podía encargarse de muchas de las tareas del periodista, pero éste no podía hacer varias de las que realizaba aquél. Ese fue uno de los motivos que determinó mi elección, aunque también se trató de algo bastante natural, porque, más allá de todo, me encantaba la radio. De pequeño, era el clásico nene que relataba absolutamente todo. Iba con mis amigos a ver el rally y los volvía locos, porque les contaba el paso de todos los autos. Tuve la suerte, la bendición, de tener una vocación desde muy chico.

–¿Pero cómo te decidiste a ser periodista?

–Yo, desde joven, fluctué entre dos o tres cosas que, para mi sorpresa, descubro que no han variado mucho a lo largo de mi vida. Mi campo de interés eran básicamente la abogacía, el periodismo –o la locución– y la aviación. Con el tiempo fui piloto privado de avión, estudié un poco de abogacía, aunque después dejé la carrera, y he vivido del periodismo, gracias a Dios, por casi treinta años.

–En Buenos Aires, ¿en qué medio te desempeñaste?

–Trabajé en Telefe Noticas durante tres años; hacía la parte de deportes en la segunda edición del noticiero. También estuve en Red de Noticias, un canal del mismo grupo (transmitió por cable entre 1993 y 1998). Era una emisora diseñada con parámetros internacionales de primer nivel; fue un salto de calidad muy grande. Haber participado de aquello fue muy valioso para mí.

–¿Has tenido, más allá del periodismo, otros oficios?

–Vengo de una familia de almaceneros. Mi papá, en su momento, tuvo un almacén muy importante. Después, por mi lado, cuando no pude vivir de esta profesión, puse uno en la zona del hipódromo, en el kilómetro 13. Tengo varias vidas en una (risas).

–Te desempeñás en gráfica, radio y televisión, ¿tenés preferencia por algún medio en especial?

Definitivamente, lo que más me gusta es la radio, aunque lo que más he hecho es trabajar en televisión, de la que me agrada la producción integral de los productos, pero uno en el interior del país se frustra un poco, porque se trata de un negocio que se hace fundamentalmente con dinero, y los presupuestos por acá no abundan.

–¿Recordás de manera especial tu paso por alguno de los sitios en los que trabajaste?

–Por haber estado desde 1986 hasta 2013 en Canal 6, en sus distintas variantes, estoy marcado por ese medio; es inevitable, por los años que permanecí allí. Lo recuerdo con mucho cariño y orgullo.

–¿Por qué te fuiste?

–Por razones de índole personal. Estaba cansado, sentía que había llegado a un techo en cuanto a mi motivación profesional, y quería otros desafíos. Siempre me gustó la política, y creo que, en la medida de lo posible, tenemos que participar en ella. No todos tenemos la vocación, y yo eso lo respeto, pero el que puede tiene que involucrarse, tanto en las instituciones como en los partidos y las cuestiones que hacen al funcionamiento de la democracia. Dar un poquito. Alguien decía que es una de las formas más elevadas de altruismo… parece increíble que se defina a la política de esa manera cuando, en realidad, lo que uno ve es corrupción o, por lo menos, cuestiones sospechosas, turbias. Pero, en realidad, creo que hacer algo por los demás a partir de la política es maravilloso; pensamiento que mantengo a pesar de que mi experiencia no haya sido de lo más feliz.

–¿Cómo llegaste a la política activa?

__zidar2–Por un ofrecimiento concreto de un sector del radicalismo, partido al que yo había estado afiliado en el retorno de la democracia. Tenía amigos involucrados en un proyecto que me ofrecieron participar (en 2013, como candidato a diputado nacional). Lo hice, ganamos las PASO, pero después, a la hora de ir a las generales, sufrimos lo que después uno ve que es algo muy común: el cuerpo político expulsa a los que considera extraños.

–¿Qué llevó a bajar la candidatura?

–Hubo una observación acerca de mis años de afiliación, que no eran suficientes, y, a pesar de que recurrimos a organismos internacionales para que se tuviera en cuenta el criterio de la igualdad del derecho de votar y ser votado, nos bajaron de la candidatura, lo que le hizo mucho daño al radicalismo; fue bastante frustrante. Luego tuve un par de oportunidades de reincidir en la cuestión, pero ya mi posición era distinta, porque, al no ser una persona de fortuna, y al no considerar que a la política se ingresa para ganar dinero, necesitaba recomponer mi vida económica y familiar.

–¿Perdiste plata al incursionar en política?

–Sí, por supuesto. Ahora estoy muy conforme con este desafío del diario y las demás cosas que hago porque me permitirán, ojalá, recomponerme económicamente, y, quizá, volver a participar en política, aunque nunca se sabe, porque a veces uno quiere hacer cosas y no tiene la capacidad, o la formación, o no es el momento; hay muchos factores que intervienen en este tipo de asuntos, que además son apuestas grandes.

–Si volvieras al ruedo, ¿lo harías dentro del radicalismo?

–Y… el radicalismo barilochense y el rionegrino tienen algunos lastres que son difíciles de cara a la ciudadanía; es un terreno complicado…

–¿Pero te sentís radical?

–Sí, en el sentido de los valores que el radicalismo encarna. Eso, llevado a la práctica, no es algo sencillo de sostener cuando, como ha sucedido en Río de Negro, pasan tantos años de ejercicio del poder y hay dirigentes que aún son importantes puertas adentro, pero que para afuera ni siquiera pueden alzar la vista para saludar a los vecinos.

–¿Cómo imaginás, en lo profesional, tu futuro inmediato?

–Ligado fuertemente a la radio. También vinculado al proyecto del diario, aunque hoy no es sencillo sostener una publicación en papel; veremos cuál será el rumbo a tomar, de acuerdo a cómo avance el periodismo digital, si continúa en forma gratuita o si pasa a ser pago por el público o vaya a saber qué. Además, espero mantener el espacio en Limay TV; se trata de algo modesto que pretende ser útil para la gente.

–¿Creés que hay posibilidades de que El Cordillerano deje de existir en papel?

–En lo inmediato, no. Incluso es probable que el descenso de la demanda ya se haya detenido.

–¿Cuál es la tirada del diario en la actualidad?

–No pasa de los mil ejemplares, muy poco comparado con épocas de oro, y ni hablar si pensamos en las cifras que manejan los grandes periódicos de Buenos Aires. Pero si bien ese número es bajo, es máxima la importancia que tiene la página de internet. Tenemos una estructura de periodistas especializados disponibles para todo el proyecto, que engloba la radio, el papel y la web, lo que nos da un valor diferencial, además de la importancia de los años de llevar adelante El Cordillerano, con sus virtudes y sus defectos, con su identificación popular… Por todo eso, tenemos que encontrar el camino para que esto siga como una fuente de trabajo digna.

__zida3

 

Me despido y salgo a una noche barilochense de las más frías del año (nevada incluida). Dentro, en la redacción, todavía falta para el cierre de la edición de mañana. Caso curioso el del periodista, que piensa en el ayer del futuro (se sabe, cuando el cronista escribe “ayer pasó tal cosa”, en realidad se refiere a algo que sucede en la misma jornada en la que realiza la nota).

 

Zidar se quedó allí, quizá con la mente puesta en los títulos que saldrán en la portada del diario, con un pie en el pasado, otro en el porvenir, y la cabeza en el presente.

 

 

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password