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Tocando almas

¿Cuáles son las verdaderas amenazas en nuestras vidas? Estamos acostumbrados a vivir alertas, enfocados en estar preparados para esquivar todo aquellos que pueda provocarnos dolor. Envueltos en la incertidumbre, aunque estemos viviendo un día apacible, feliz y relajado, en algún momento nos preguntaremos

¿hasta cuándo durará esto?, porque estamos convencidos que “algo bueno no dura toda la vida”

Miedo al cambio, miedo a lo diferente, miedo a los desconocido. Cada posibilidad de cambio lo vivimos como una verdadera amenaza, ya que nos saca de la comodidad de lo cotidiano y nos empuja a algún nivel diferente, donde las preguntas son muchas más que las respuestas, y donde tendremos que volver a probar y a probarnos.

Vivir en alerta permanente implica tener la creencia que en cualquier momento algo malo puede pasar.

Y si tenemos alguna duda observemos a los medios de comunicación. Gran parte de su contenido nos induce a pensar que, probablemente, sentiremos un gran dolor en cualquier momento. Diarios, noticieros, series, películas y novelas nos llevan a situaciones que sin importar realidad o ficción se mezclan en nuestra percepción como reales amenazas. No hay forma de poder absorber semejante cantidad de información, en especial cuando la mayoría nos genera grandes dosis de energía limitante.

La consecuencia y el síntoma generalizado es el estrés. Categorizado como una de las enfermedades globales de éste tiempo nos confirma que, estar permanentemente preparados para algo que sabemos que es una amenaza pero que no sabemos cómo, cuándo o dónde sucederá,, nos impulsará a un desequilibrio emocional y a cambios orgánicos. Cada vez nos volvemos más y más cerrados, la amenaza latente y en gran parte inconsciente nos rodea y reúne desde el miedo y nos vamos alejando del otro, de los otros. Lentamente nos aislamos en un intento de protección inútil de las amenazas desconocidas, en general, inventadas e inexistentes.

Podríamos afirmar que no es importante lo que nos pase, sino cómo reaccionaremos ante ello, si nos pasa.

Nuestro estrés es la consecuencia de nuestro temor inconsciente y permanente de que algo doloroso nos pasará. Es como si fuéramos atletas preparados para iniciar una importante carrera de 100 metros, y quien debe largar la competencia nos dijera: “Preparados, listos…listos… listos…” pero nunca llegara el ¡Ya! Todos los músculos tensos, la sangre que corre a torrentes hacia las piernas para darle la mayor potencia, la adrenalina a su máxima expresión, la mente enfocada en la meta y nunca llega la orden de salida. Esa tensión constante de estar preparados para saltar a la pista nos tensaría de tal manera que sería imposible sostener ese estado por mucho tiempo.

Es el propio estrés la forma que tiene nuestro organismo de expresar esta tensión extrema, el desequilibrio emocional y físico de estar preparados para evitar eso que no sabemos exactamente qué es.

Podríamos decir que la solución es correr nuestra propia carrera, sin la necesidad de que alguien nos indique cómo y cuándo correr, creer que la vida es un conjunto de cambios y que todos ellos tienen algo para aportarnos, sentir placer por vivir el presente sin cuestionarnos el futuro y confiando que lo que suceda será para aprender, saber que el dolor no es consecuencia de lo que nos pasa sino de cómo reaccionamos ante lo que nos pasa y si nos prometemos amarnos incondicionalmente sin importar lo que suceda seguramente allí encontraremos la única certeza valedera. Y volver a mirar al otro. Salir de nuestro encierro y aislamiento para provocar milagros.

Si pudieras tocar un alma, si tan solo pudieras hacer feliz a alguien por un instante, ¿no sería maravilloso?

Estamos tan enfocados en nosotros, en nuestras necesidades, problemas y deseos, que nos hemos olvidado de lo más importante que tenemos las personas, la capacidad de hacer milagros.
Tocar almas es sacarle una sonrisa a alguien, haciéndolo sentir bien, reconociéndolo o escuchándolo. Dándole tu toque milagroso y haciéndolo salir de su dolor.
Sé que tenés problemas, pero ¿no estará allí la solución para salir de ellos definitivamente? ¿Tan solo tocando almas?

 

¡Mucha vida para todos!
Carlos Sánchez

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