Puentes en el corazón de la ciudad

El Centro Cultural Puentes traslada su sede a Panozzi 63, a metros del Cívico

Si bien las incripciones estaràn abiertas desde el 16 de marzo, a partir de abril, abre sus puertas en este nuevo espacio para quienes estén interesados en acceder a las innumerables propuestas artísticas y culturales.

CENTRO CULTURAL PUENTES. SU HISTORIA.
La erupción del volcán Puyehue, en el año 2011, fue un acontecimiento bisagra en nuestra ciudad. Seguramente fue motivo, también, del éxodo de habitantes barilochenses más grande de su historia. La ciudad había quedado sepultada en ceniza volcánica. Todo se veía grisáceo, opaco, oscuro. Incluso el futuro.

«Todo era gris, hasta la conciencia de la gente», recuerda Ricardo Zapata. «La falta de color te enferma. Y eso es lo que notábamos». Su pareja, Carina Marzullo, simplifica la ecuación surgida de su charla con Ricardo de la siguiente manera: «Entonces, si nos vamos a quedar, que sea por algo que valga la pena». De esta manera, antes de sucumbir a la desolación que el paisaje transmitía y empacar las cosas, optaron por quedarse en Bariloche a proseguir, mejorar, desarrollar y extender un puente plagado de sueños.


Carina y Ricardo habían llegado a esta ciudad en 1990, en una luna de miel que se les extendió en el tiempo. Ella había recibido educación formal en danzas, por eso empezó dando clases particulares. Con el tiempo, su capacidad y talento la hicieron destacar, a punto tal que su alumnado fue creciendo considerablemente. Llegó un momento en que ya no tenía lugar físico ni tiempo en la agenda. Entonces, surgió naturalmente la necesidad de formalizar la oferta y conseguir un espacio más preparado y adaptado para tal fin.

Así, su escuela fue ganando renombre e instalándose en la ciudad como un impostergable para todos aquellos que buscaban iniciarse en la danza clásica o contemporánea.

Por su parte, Ricardo realizaba tareas de artesano, y así había recorrido durante muchos años gran parte del país. Hábil para los quehaceres manuales, había puesto una suerte de taller donde trabajaba la madera, el hierro y diversidad de materiales.
Lo cierto es que, tomada la decisión de continuar viviendo en Bariloche, los esfuerzos y la dedicación debieron multiplicarse. Ricardo fue dejando sus actividades para ayudar de lleno al desarrollo de la escuela que ya tenía su propio lugar en calle Mitre, donde estuvo mucho tiempo. La crisis que atravesaron en aquella oportunidad hizo que ellos revieran algunas cuestiones, entre ellas, la sede. Así encontraron otra locación, que en realidad se trataba de un depósito.

Un gran tinglado o taller desprovisto de todo para la construcción de un centro cultural. «Le pedíamos en ese momento a algunos conocidos que nos den una mano, o que consideraran la posibilidad de trabajar a futuro en el centro cultural, y nos miraban como si estuviésemos locos». Luego el tiempo sorprendería a propios y extraños, puesto que en aquel depósito de la calle Rivadavia al 547, terminó elevándose un «puente» lleno de colores.

Este nuevo centro cultural venía a cubrir una falencia habitual en lo que respecta a actividades artísticas en nuestra ciudad. Además, abría ofertas que excedían la actividad de las danzas y atendía otras disciplinas como la música, el teatro, la expresión corporal, la filosofía, etc.

Puentes se fue convirtiendo en una referencia, a partir del sólido trabajo que en años anteriores desarrollaron Carina y Ricardo. Hoy, el centro alberga talleres de Flamenco, Yoga, Iniciación Musical, Tai-chi, Pilates, entre otras tantas actividades. Ambos consideran al público que asiste a Puentes como una gran familia. Y para ellos también tienen un gran agradecimiento. «Ellos son los que sostienen invariablemente al Centro Cultural. Nosotros siempre buscamos apoyo oficial, de empresas, etc, pero al final, los mismos alumnos son los que favorecen que esto pueda seguir adelante. Confían en nosotros, se sienten bien aquí, les gusta, por eso siguen viniendo.»

Carina Marzullo tuvo la posibilidad de realizar un viaje de conocimiento interior. Se movilizó hasta China y Mongolia, y allí dio con un monje mongol que había desarrollado, como parte de un camino espiritual, no un monasterio convencional, sino una escuela de danza, música y teatro. En el medio del desierto de Gobi, en lo que se conoce como Monasterio de Khamar. Allí, pudo advertir y combinar dos actividades que guían su vida. Por un lado, su crecimiento interior a partir de la meditación. Por otro, esta experiencia novedosa (sin tratarse de un templo religioso) de unificar esa búsqueda interior con la enseñanza de actividades artísticas. Definitivamente fue esta experiencia la que modificó la percepción de Carina, y por ende la de Ricardo para que, luego de la erupción del volcán Puyehue, determinaran que aún en esas circunstancias había motivos y formas para quedarse en Bariloche.

«Hasta en el lugar más complejo, como puede ser el desierto de Gobi, alguien que tiene esta visión del desarrollo personal a través del arte, arma una escuela de danza, teatro y música.»

Los acontecimientos se precipitaron y todo pareció coincidir en la nueva locación de Calle Rivadavia, desde donde se percibe un latido de arte.

Puentes comenzó a funcionar en agosto de 2015, y hoy ya coexisten más de 20 talleres en sus instalaciones, dirigidos a gente de toda edad. Alumnas de danzas han logrado, en años consecutivos, conseguir becas para poder viajar a Buffalo, NY, a perfeccionarse en el Neglia Conservatory of Ballet. Carina misma fue becada el año pasado para innovarse y fue una oportunidad que, junto a Ricardo, aprovecharon y disfrutaron.

«Llevamos imágenes de Bariloche y presentamos una muestra fotográfica en Estados Unidos. Fue una forma de presentarnos. Una manera de contar quiénes somos, de dónde venimos y qué es la Patagonia.» Además, Carina Marzullo recorre los distintos barrios de nuestra ciudad buscando talentos, y los premia brindándoles becas. Para ello están abocándose a dar forma a una Fundación, instrumento que facilitaría el mecanismo para encontrar mayor apoyo.

Hoy, con ese espíritu emprendedor que los caracteriza, elevan la apuesta y mudan el Centro Cultural Puentes a un nuevo espacio.

Más grande.
Cuatro salones equipados para danza, música, artes visuales, exposiciones. Vestidores y aulas taller totalmente equipadas.

Más Cerca.
A metros del Centro Cívico. Nuestra nueva sede, totalmente renovada, abre sus puertas este mes de abril en Panozzi 63 (entre Libertad y 12 de Octubre)

Más actividades.
Además de la ya consagrada Escuela de Danzas Carina Marzullo y de los tradicionales talleres de teatro,  música y danzas, este año sumamos interesantes propuestas para todas las edades.

En definitiva, un puente que crece, para llegar cada día más lejos.

Consultas por talleres e inscripciones a centroculturalpuentes@gmail.com

 

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