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Pasión por la naturaleza

Cecilia Brion considera que su inclinación hacia la vida silvestre y al aire libre viene de sus antecesores.

“Una parte de la familia de mi padre era campesina de Italia. Por otro lado, de parte de mi madre eran catalanes, y ellos también eran del campo. Eso puede explicar que yo haya estudiado Ingeniería Agrónoma. Para mí, hay alguna conexión en todo eso.” Cecilia reflexiona sobre su niñez, y comienza a encontrar ese hilo que ha confeccionado su camino vital: “Fui a un jardín de infantes, en Rosario, donde lo primero que nos enseñaban era a cultivar. Eso te marca, de algún modo. Hoy lo veo y lo reconozco también en otros integrantes de la familia, como mi hermano mayor, por ejemplo, al que le fascina la Patagonia. Y también en mis hijos y nietos. Uno de ellos trabaja en el campo, sin ir más lejos”. Este contacto con la tierra, con el entorno natural, fue constructor de una personalidad de enorme sensibilidad hacia la flora regional.

Cecilia trabajaba como docente en el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) de la Universidad Nacional del Comahue, dando las cátedras de Plantas Vasculares y Morfología Vegetal. Por su profesión, tenía la obligación de saber trazar algún dibujo a la hora de relevar la flora de determinado territorio. Pero sucedió un día que sufrió un infarto, a causa del stress laboral. A partir de ese momento, su vida cambió radicalmente. Su amiga, Cecilia Ezcurra, que había aprendido a pintar de chica le sugirió que, durante su reposo, se tomara tiempo para pintar. “Me acuerdo que me trajo una cajita con todos los colores, unas hojas y unos pinceles.

Al principio pensé que no iba a poder. Ahí me puse a garabatear mis primeras pinturas que, naturalmente, eran plantas y flores. Y al poco tiempo eso ya era una pasión. No podía parar de pintar, a cualquier hora de la noche. Me entusiasmó mucho.

Ese infarto lo tuve hace 16 años, ya. Desde entonces descubrí esta actividad que, al mismo tiempo, me ayudó no solo a transitar ese difícil trance sino en la vida laboral, también. Porque pensé que no iba a poder volver a trabajar, y sin embargo lo logré. Esas pinturas, en la medida que mejoraron, se fueron convirtiendo en parte del Herbario del CRUB, que no tenía un buen registro y relevamiento de la flora regional. Mi profesión me permite no sólo ver como artista, sino como botánica, entonces los dibujos cumplen esa doble función. Para algunos son cuadros, son decoración y son arte. Para otros, son material de estudio y consulta”.

Cecilia Brion es, además, una apasionada de la Patagonia. Ha realizado por todo el territorio innumerable cantidad de viajes. El objetivo fue relevar toda la flora posible de esta región del continente.

Desde la estepa hacia el corredor austral chileno, Cecilia conoce cada especie autóctona y cada rincón de nuestra tierra. Posiblemente sea ella quien haya realizado el mayor aporte a ese Herbario que hoy puede consultarse y disfrutarse en el CRUB, una tarea para nada menor, y que cuenta, además, con un toque estilístico identitario. “Me encanta la estepa. No debe haber territorio más fabuloso que la estepa. Toda esa zona que la mayoría de la gente menosprecia, o no le da suficiente valor, allí reside uno de los mayores tesoros de nuestra flora. Ir para esa zona entre Noviembre y Enero no tiene igual. Hay gente que viene a visitarme y de paseo la llevo a la estepa. No lo pueden creer. Vuelven impresionados, como si hubiesen tenido una revelación. La estepa es fabulosa, y cambia todo el tiempo. Pero es eso: tiene que tocarte el alma”.

En su rol, combinando docencia y arte, Cecilia Brion se vinculó con profesionales de otros países, entre ellos el francés Daniel Barthélémy. Con él llevaron adelante varios viajes de estudio por la Patagonia y pudieron editar una buena cantidad de libros que son material de estudio ineludible. En los mismos se hallan los relevamientos de distintos puntos de la región. Uno de ellos se focaliza en Puerto Blest, por ejemplo. Las ilustraciones, en estos casos, son fotografías. La información es cuantiosa. El aporte, invalorable. Javier Puntieri fue otro participante de dichas experiencias.

El entusiasmo de Cecilia es contagioso. Su modo apasionado de expresar sensaciones logra transportar. Eso se nota, indefectiblemente, en su arte.

Su anhelo por mejorar la ha llevado a tomar clases de acuarela, a buscar obsesivamente los mejores productos del mercado sin importar dónde, a reunirse con colegas, y a compartir experiencias con otros artistas de similar estilo. “Yo pinto lo que veo”, dice Cecilia, simplificando toda su ecuación vital. “No me sale el arte figurativo, o el paisaje idílico, o lo fantasioso. Tengo ojo de botánica, por eso me sale así. Me llama la atención, luego, que la gente ve o dice otra cosa respecto de mis cuadros. Por ejemplo: puedo sentir que esas flores se mueven por el viento. Me alegro por esas personas. Me hacen dar cuenta sobre distintas perspectivas que tiene la gente. Pero yo no veo que esas flores se muevan” (ríe Cecilia, desbaratando ese momento onírico).

Sus pinturas remiten al estilo simple de los naturalistas. Aquellos científicos, viajantes, investigadores y curiosos que viajaban con escasos recursos por zonas inhóspitas, y solo podían valerse de lápices, pinturas y algunas hojas para dar testimonio de sus excursiones. Así como lo hizo Charles Darwin recorriendo el Beagle. Las mujeres han desempeñado un papel importante en el desarrollo de la ciencia de las plantas a través del arte botánico, desde hace varios siglos, aunque muchas no han recibido el debido reconocimiento por su trabajo en comparación con sus homólogos masculinos. Entre nombres destacados, vale la pena mencionar a Maria Sybilla Merian, Johanna Helena Herolt, Barbara Regina Dietzsch, Lise Cloquet, etc. En nuestra región y en la actualidad, vaya este reconocimiento a Cecilia Brion y, junto con ella, a las tantas que han ayudado a constituir un registro cabal y completo de la flora autóctona patagónica: Cecilia Ezcurra, Carolina Calviño, Irma Gamundi, Laura Lorenzo, María Havrylenko, Mariana Solans, María Messuti y Susana Calvelo, entre otras.

 

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