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Cachorros

Impronta y socialización

Desde el momento del nacimiento en el cachorro se produce un muy rápido desarrollo de su sistema nervioso, de sus sentidos y de su conducta, completando procesos madurativos que comenzaron en la vida prenatal. Es durante las diferentes etapas de desarrollo que el cachorro atraviesa que se deben tener en cuenta las intervenciones y las pautas de educación apropiadas, para prevenir posibles problemas  futuros en su comportamiento.

Impronta en cachorros
Es una forma primitiva de aprendizaje con un fuerte componente innato, a través de la cual los neonatos aprenden a reconocer, aproximarse y seguir al primer objeto relativamente grande, cercano y con determinada morfología, que ven en movimiento en su proximidad. Este proceso de aprendizaje se caracteriza, entre otras cosas, por ser relativamente irreversible y producirse sólo durante un período sensible determinado. En los caninos, ocurre durante el período de transición, a partir de la apertura de los ojos (alrededor de los 7 a 10 días postnatales en promedio). Es en esta etapa cuando los cachorros comienzan a guiarse por estímulos visuales, y fijan la imagen de determinada figura adulta (generalmente su madre, pero no necesariamente) y la toman como objeto referencial al que siguen a todas partes.

Durante esta etapa, la cría asume un rol activo en el reconocimiento de su madre, de sus hermanos y del nido, y desarrolla conductas de apego (principalmente de acercamiento), con el objetivo de mantener la proximidad con su madre.

La impronta puede ser heteroespecífica (con otra especie que no es la propia), por ejemplo en cachorros huérfanos criados por personas, que durante este período sensible no han tenido contacto con otros perros, con consecuencias en la vida adulta del individuo, ya que no aprendió a reconocer a sus congéneres sino al ser humano como de su misma especie. Los perros con esta impronta pueden manifestar agresión (por miedo o predatoria) hacia otros caninos, y no son capaces de reproducirse (ni montan ni aceptan la monta de individuos de su especie) sino que exhiben patrones de conducta sexual hacia los seres humanos.

Socialización en el cachorro
La socialización en el cachorro es un proceso de aprendizaje especial durante el cual un individuo aprende a aceptar la proximidad estrecha de varias especies distintas y/o de miembros de la propia especie en su propio grupo. El periodo sensible  de socialización se ha estudiado ampliamente, ya que se ha comprobado que las experiencias durante esta etapa tienen efectos permanentes en el desarrollo del comportamiento canino. Transcurre desde aproximadamente las 3 semanas de edad hasta las 10 ó 12 semanas, siendo el período de tiempo comprendido entre el inicio de la madurez sensorial y el de las estructuras del sistema nervioso que controlan la respuesta de miedo frente a situaciones nuevas.

Aquí, el interés del cachorro por otros seres vivos alcanza su máximo nivel, existe un aumento muy marcado en la conducta exploratoria y en las interacciones sociales con los otros cachorros.

La conducta de juego aumenta muy marcadamente en frecuencia e intensidad, permitiendo que el cachorro aprenda a controlar la intensidad del mordisco en sus interacciones con otros perros y, por extensión, con las personas.

El perro aprende en esta etapa a mostrar una conducta social adecuada hacia sus congéneres, hacia las personas y hacia otras especies con las cuales toma contacto, desarrollando los apegos sociales.

Es importante tener en cuenta que una mala socialización es un factor de riesgo: perros mal socializados con su propia especie pueden mostrar comportamiento de miedo excesivo y/o de agresión, del mismo modo que perros no socializados con personas podrán tener estas expresiones conductuales en su contacto futuro con seres humanos. Después de finalizar el periodo de socialización resulta más difícil (aunque no imposible) modificar el comportamiento social y lograr que un perro se socialice con su propia u otras especies.

Es por este motivo que la recomendación práctica es que los perros deberían tener contacto con otros perros, con personas, y con cualquier otra especie animal con la cual pudieran convivir o interactuar en el futuro, entre las 3 y las 12 semanas de vida. Por lo tanto, la edad óptima para adoptar un cachorro – es decir, para separado de su madre y hermanos y para ser llevado al domicilio del propietario – estaría entre las 7 y las 8 semanas de edad, aproximadamente a la mitad del período de socialización.

 

Fuente: www.foyel.com

 

 

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