Bariloche Center

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El gigante que no duerme. Por Cristian Kloster.

La década de 1960 fue una era de progreso en la región. La construcción se potenciaba considerablemente, no sólo en Bariloche, sino también en el país y en algunos lugares de Sudamérica. Punta del Este comenzaba a delinear su estilo y perfil para convertirse, con el tiempo, en un centro veraniego de elite. Allí posó su mirada un tal Mauricio Litman, quien sobre fines de 1940 ya invertía en el desarrollo inmueble de ese oasis. El Zar, como era llamado, también prestó atención a un destino turístico de invierno que se erigía en lo más remoto del Cono Sur: precisamente nuestro Bariloche. Hasta aquí llegó rodeado de una comitiva propia de una figura del jet set mundial, al estilo Onassis. Observó el panorama, y el Zar de Punta del Este tuvo la idea de construir un edificio-hotel, réplica de uno que ya había hecho en Montevideo. Estamos hablando del Bariloche Center.

aficheEl terreno que ocupa hoy el edificio Bariloche Center pertenecía a Primo Capraro. Fallecido él, su mujer (Rosa Maier de Capraro) quiso donárselo a Ernesto de Estrada, a modo de premio por la construcción del Centro Cívico. Estrada se opuso en varias ocasiones. Lo cierto es que en 1929 se funda el Club Independiente de nuestra ciudad, y finalmente el terreno queda para la institución. Pero sucedió que el club nunca adelantó el papelerío burocrático para asentar la tenencia de la propiedad. Lindando ese terreno pasaba el Arroyo del Molino. Entonces fue la gente de Gendarmería que se ubicó allí convirtiéndolo en el famoso Picadero. Esta fuerza llegó a la ciudad en 1942, como refuerzo de la seguridad, tarea que realizaba la Policía Fronteriza o de Territorio. En principio ocuparon las instalaciones de la Cía. Comercial, en Calle Mitre al 400. Y luego pasaron a ocupar el sector del Centro Cívico que hoy habita la Policía de Río Negro. Allí llegaban, entonces, los gendarmes a descansar con sus caballos. Éstos lograban beber del arroyo y pastar.

Al poco tiempo, y debido a que era un espacio de recreación, en el lugar ya había arcos de futbol y se jugaban torneos informales.

 

Fue entonces que el visionario Mauricio Litman, con la ayuda de algunas firmas y vistos buenos, pudo iniciar rápidamente, y sin contratiempos, la edificación del edificio Bariloche Center, a partir del año 1967. Durante esa época gobernaba el país Juan Carlos Onganía, presidente de facto que se mantendría en el poder hasta 1970. El clima social era de opresión y mordaza, por eso es que en aquellos días no se manifestaron muchas voces en contra del proyecto.
Pero sotto voce, la sensación era de indignación y espanto, aun cuando el boceto de la edificación se elevaba como una muestra viva de progreso, imponencia, lujo y atractivo. Incluso quien oficiaba como intendente municipal, Antonio Miralles, no estaba para nada convencido de la iniciativa.

Pero inmediatamente bajó a sus manos una carta firmada por el mismo Onganía ordenando liberar el camino y dar prioridad a la edificación.

“Yo tuve en mis manos ese documento por unos segundos, y lamenté siempre no haber podido hacerle una copia. No había fotocopiadoras en esa época, y cualquier maniobra hubiese sido sospechosa y peligrosa. Pero el tenor de la carta era elocuente”, contaba Manuel Conejero, empleado de Obras Particulares de aquel entonces, a nivel municipal. Por ese tiempo, el Código de Edificación Municipal había sido creado por Federico Sturzenegger, y no variaba demasiado del que le siguió, en la década de 1980. O sea que, desde donde se lo mirara, esa obra estaba totalmente fuera del marco de legalidad. Pero lo cierto es que muchos de los departamentos y los pisos que estaban diseñados, ya tenían propietarios ganados en los mismos escritorios gubernamentales. Unos cuantos militares de alto rango a nivel nacional se aseguraron una propiedad, al menos, en este nuevo edificio al que muchos denominaron (y lo siguen haciendo) El Cantegril.

litmanCantegril Internacional S.A. se llamaba la empresa constructora dirigida por Litman.

El complejo, que en principio había sido presentado con techo a dos aguas, tres salas de cine, pista de patinaje y otros tantos espacios de recreación en lo que hoy es el estacionamiento que queda a su espalda, se erigía con dicho nombre.

Para ello, Mauricio Litman trajo como mano de obra a bolivianos (en su gran mayoría) y paraguayos. Muchos de ellos venían de trabajar en la obra de ampliación del Edificio Kavanagh en Buenos Aires. Las condiciones en las que estos hombres trabajaban eran absolutamente precarias, y Manuel Conejero reconoce la capacidad, el coraje y hasta la inconsciencia de estos operarios. Algunos de ellos murieron durante la obra. Era gente a la que se le pagaba poco, se la tenía en condiciones infrahumanas, se les permitía dormir poco, comer muy mal, y era común verlos masticar hojas de coca, principal sustento de la atención en faenas tan extremas. Lo cierto es que estos hombres, mano de obra especializada, fueron los artífices de la construcción, y al finalizar la tarea, muchos se quedaron residiendo aquí en Bariloche.

mlegrandeDesde la mismísima inauguración del Cantegril, el edificio tuvo una impronta ciertamente oscura. Sucedió para una Fiesta Nacional de la Nieve (1972), y Mauricio Litman vino desde Punta del Este con una comitiva de bellísimas jóvenes concursantes a Reinas de todo Uruguay, las cuales parecieron entretener las noches de los más altos funcionarios militares y autoridades que habían sido invitados para la ocasión. Este halo imperó en el Bariloche Center por siempre.

El carácter de espacio destinado a la prostitución, en sus distintas modalidades, hizo de algunos sectores del edificio prácticamente un prostíbulo socialmente identificado. A lo que se puede agregar que allí funcionó el primer Casino de nuestra ciudad, y otros centros de entretenimiento nocturno como la boite Le Lac, la cual anunciaba shows como el de Los Plateros, por nombrar alguno. Durante toda su historia, el Cantegril combinó entre sus habitantes con una variedad incalculable de historias, de las más diversas: la biblia y en calefón en una misma dirección postal. Por otra parte, la estructura edilicia nunca quedó terminada tal lo proyectado. “Al principio, cuando se inauguró, abrías la canilla y salía gas. Era un desastre”, recuerda Conejero. reina1978

Y durante décadas, se elevaron periódicamente voces y quejas para que sea clausurado, demolido, achicado, implosionado, etc.

Esos intentos nunca llegaron a concretarse, por diversos motivos. Una iniciativa que había logrado avanzar fue la idea de reducirlo hasta el cuarto piso. Pero a la hora de la ejecución, tocar esa estructura y todos sus intereses cruzados, parece imposible.

Al misterio que rodea la construcción del Bariloche Center, debe sumarse el dato que su expediente desapareció de los ámbitos oficiales. Enormes carpetas de más de 600 páginas ya no pueden ser encontradas, lo cual favoreció históricamente a la consolidación del proyecto. Si bien nunca se supo dónde fue a parar dicho expediente, las conjeturas más inocentes hablan incluso de un acto ex profeso, para desvincular nombres, firmas, negociados, responsabilidades y datos comprometedores que podrían haber sido utilizados alguna vez en contra de los ejecutantes, sus asociados, coautores y favorecedores de la obra.

Mientras tanto allí sigue la mole, confundiendo al ojo del turista, indignando al residente, albergando visitantes y locales de paso, acumulando años e historias, pero fundamentalmente graficando y reflejando lo que, de algún modo, somos como sociedad.

Esta nota está realizada con la colaboración y asistencia de Don Jorge Mogensen.

 

 

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