Alejandro Fatur

Alejandro Fatur y su andar por el sendero misterioso de la música

Por Christian A. Masello Fotos de Noelia López

El flautista y productor habla de su vida, donde convergen sonidos y Física

   Nunca dejes de abrirte,/ no dejes de reírte,/ no te cubras de soledad/ y si el miedo te derrumba/ si tu luna no alumbra/ si tu cuerpo no da más/ no te dejes desanimar/ basta ya de llorar/ para un poco tu mente y ven acá.

Charly García en la etapa de La Máquina de Hacer Pájaros. Disco Películas. Año 1977. Era esa época en la que poco se podía hacer, “salvo ver películas”. Aunque no cualquier film, sólo los permitidos por la dictadura.

En esa placa, impregnada del sonido progresivo característico de grupos como Genesis, Yes, Camel y Pink Floyd, se encuentra el tema No te dejes desanimar.

__fatur-2   El día en que se realizó la mezcla de la canción, hubo, en los míticos Estudios ION, un testigo privilegiado: el músico y productor discográfico Alejandro Fatur, por aquel entonces un adolescente de catorce años.

Había llegado hasta ahí por esa rara mezcla de casualidades y causalidades que, en ocasiones, convergen e iluminan la vida por un rato.

Un vecino que trabajaba de operador en uno de los estudios de ION, donde se registraban programas de Radio Colonia, le comentó que Charly García solía grabar en la sala mayor, y al notar la admiración del joven le dijo que, si quería, algún día podría ir a ver al músico.

“Estaba enloquecido”, recuerda hoy Fatur, en su estudio de grabación propio, en Bariloche. “Lo perseguía preguntándole cuando iría Charly…”

Hasta que un día llegó el aviso.

El adolescente acudió acompañado por su padre.

El operador fue al estudio mayor, donde estaba García, y le preguntó si podía dejar pasar al chico.

–Está nervioso porque no le sale algo… Me dijo que lo esperes –le comunicó.

Tras cuatro horas, Charly lo hizo pasar. Escuchó, entonces, la mezcla del tema de La Máquina de Hacer Pájaros.

   No te dejes desanimar es, aún hoy, una de las canciones preferidas de Fatur. “Tiene una letra que, cuando estoy triste, la escucho y me cambia la cabeza”, señala.

Además de haber sido testigo del afloramiento de esa composición, aquel día, hace cuarenta años, Fatur escuchó, por primera vez, cómo se armaba algo en un estudio, ya que mientras esperaba para ingresar al sitio en el que se encontraba García, durante el plazo de cuatro horas sentado junto a su padre, con toda la expectativa a cuestas, en otro estudio grababan un jingle publicitario, y así oyó el registro de las distintas capas de sonido hasta que finalmente el trabajo destinado a la promoción quedó listo.__fatur-3

Aquella jornada lejana, impregnada por la emoción de haber compartido un momento mágico junto a Charly García, en la que también fue testigo de cómo se grababa en un estudio, fue fundamental para el entonces adolescente.

A los quince años, el joven nacido en Flores, empezó a estudiar música.

“Siempre me fascinó la emoción que la música transmite”, expresa Fatur. “El misterio relacionado con las sensaciones que invaden a quien escucha era algo a lo que me quería acercar.”

Compró una guitarra y comenzó a practicar, a la vez que cursaba Ingeniería.

“Estudié dos años básicos de Ingeniería y después accedí a una beca para venir a Bariloche, al Centro Atómico, entonces continué Física acá”, cuenta. “Pero siempre me hacía un tiempo para la música.”

No era el único que, en el centro de investigación, estaba ligado al arte. “Muchos compañeros cantaban o tocaban algún instrumento; la ciencia exacta posee cierta rigurosidad que, para algunas cosas de la música, es necesaria”, indica. “Aunque son ámbitos distintos, tienen en común el misterio de lo desconocido; en un caso se trata de descubrir una ley física que gobierne el comportamiento de los objetos, y con los sonidos creo que sucede lo mismo. Se trata de jugar. Los científicos se proponen un juego, ‘qué pasa si mezclo esto con aquello’; el explorar y descubrir cosas nuevas está en los dos terrenos.”

El uso intensivo de la guitarra, a lo que se sumaba la práctica del tenis, hizo que se lesionara una mano, por lo que tuvo que dejar aquel instrumento y buscar otro.

   “Me compré una flauta. Nunca había tocado una. Fue una intuición”, explica.

“En Bariloche había un gran profesor de flauta, José Luis Tubert”, dice. “Un artista es alguien que sabe mover las cuerdas del alma de la gente para emocionarla, y yo iba a sus conciertos y veía que las personas salían con lágrimas en los ojos. Creo que ahí decidí dedicarme por completo a la música. Pedí una licencia en el Centro Atómico y, durante un año, me puse a estudiar flauta y a componer.”

La licencia se extendió pero, influido por amigos, decidió terminar la carrera de Física. Fue a La Plata y rindió las materias que le faltaban.

“De investigador de Física, que es la labor clásica, nunca trabajé, pero seguí las materias pedagógicas y me recibí también de profesor, que es algo que me gusta y de hecho sigo haciendo, en el colegio Amuyen”, manifiesta.

__fatur-4  De regreso a Bariloche, sitio en el que decidió vivir, grabó junto a Tubert uno de los primeros casetes que se registraron en la ciudad. Se llamó, precisamente, Música de Bariloche. “En aquella época, con José Luis nos preguntamos: ¿por qué el turista tiene que llevarse sólo chocolates? Lito Vitale, uno de los primeros que empezó a producir sus propios discos, nos abrió la cabeza. Habían empezado a aparecer los grabadores hogareños. Así surgió la idea de registrar nuestras composiciones y ofrecérselas a la gente.”

Las grabaciones de Fatur se caracterizan por incorporar sonidos de la naturaleza. El músico revela cómo se inició esa modalidad: “El primer grabador que tenía era a casete, tenía mucho soplido, y uno quería que lo que grababa en la cocina de su casa se pareciera a un disco de Pink Floyd… Un día dije ‘si no lo puedo sacar, lo tengo que tapar’, y se me ocurrió poner el piar de unos pajaritos. Quedó lindo. A partir de ahí, me gustó trabajar de esa forma. Ayuda a armar climas, te sitúan en un ambiente que predispone a escuchar la música”.

   “Alguien me dijo que yo pintaba un cuadro sonoro”, continúa. “En un lienzo ponés capas de pintura y armás climas con los colores; yo hago lo mismo grabándolos.”

“Grabar es un oficio que adquirí a lo largo de los años”, asevera. “Lo importante es que suene bien, que tenga calidez.”

Sobre su evolución en el estudio, narra: “En 1995 comencé a contactarme con empresas del exterior que vendían librerías de sonido. Dispongo de esos elementos porque los conocí a través del tiempo. Cuando puedo, compro los mejores micrófonos, porque me gustan. Y esas cosas las empecé a ofrecer a otra gente”.

“No sólo me interioricé en cómo hacer los registros sonoros”, continúa, “sino también en ser productor de las grabaciones. Ayudo a los músicos que vienen al estudio en todo, ya que conozco el camino de la realización de un disco desde que comienza hasta que termina.”

   “De alguna manera, soy productor de ideas”, afirma.

Sobre su modalidad de trabajo, apunta: “Siempre pruebo cosas nuevas para mis discos, y cuando el resultado es bueno, las ofrezco para que las utilicen los demás”.

Fatur, en su faceta de músico, ha desarrollado una intensa labor como solista, pero también ha sido parte de diversos grupos, entre ellos La Fragua, banda que realizó, entre otras placas, dos populares discos sobre Los Beatles: los volúmenes De los Andes a Los Beatles (2001 y 2007), donde se recrean composiciones de la agrupación británica con ritmos e instrumentos sudamericanos. “De entrada, intuimos que era una buena idea”, indica Fatur sobre aquellos cds. “Trabajamos mucho, y bucear tanto en una obra creo que les otorgó identidad.”

La actualidad encuentra a Fatur en su estudio, en la falda del Cerro Otto, con un diseño acústico impecable, al serviciode los músicos que lo requieran, a la vez que lanza un nuevo cd titulado Detrás de una estrella.

   El músico incluso elaboró una aplicación que permite escuchar el trabajo, con numeroso material extra, tanto en el celular como en la computadora.

Como parte del arte gráfico de la obra, se incluye un texto que habla de la labor, a la vez que sirve como guía para comprender el sendero por el que transita Fatur: “Detrás de una estrella trasluce la pasión por la música que abriga mis días: El querer acercarme cada vez más al misterio cautivante que hay detrás de esas notas y acordes que cada tanto sacuden el alma. El placer indomable de escuchar el color de un buen instrumento, desear tenerlo entre mis manos y la sed de aprender a ejecutarlo. Estar cada vez un poco más cerca de la melodía perfecta que aparece y desaparece aumentando la intriga. Del registro grabado que traduzca en dulces texturas los miles de paisajes sonoros que pueblan mi mundo interior. De conseguir la cajita con cosquillas que ayude a traducir un poco más los movimientos del alma en aterciopelado y mágico sonido. Es un camino de vida que no puedo evitar recorrer, tal vez sea un destino escrito antes de que me formara en el vientre de mi madre”.

 

En los ojos de Fatur se distingue, nítido, aquel adolescente que compartió con Charly García la escucha de la mezcla de una canción. Y no de cualquier canción. De aquella que culmina con estas palabras: No te dejes desanimar/ no te dejes matar/ quedan tantas mañanas por andar.

 

 

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password